Lengua de signos, subtítulos o audio: cuándo usar cada uno
No toda discapacidad auditiva o visual se resuelve igual. Una guía práctica para elegir el canal correcto en cada contexto.

Subtítulos, lengua de signos y audiodescripción son herramientas distintas que cubren necesidades distintas. Confundirlas lleva a soluciones que no resuelven: subtitular un vídeo no atiende a un usuario ciego; añadir un intérprete de signos no ayuda a alguien con sordera adquirida que no signa.
Esta guía resume cuándo usar cada canal, qué población atiende y qué errores comunes se deben evitar.
Lengua de signos
Imprescindible para personas sordas signantes desde infancia. La lengua de signos no es la traducción del español: es una lengua propia con gramática, sintaxis y comunidad propia. En España coexisten la LSE (Lengua de Signos Española) y la LSC (Lengua de Signos Catalana), reconocidas por la Ley 27/2007.
Se usa en contenido audiovisual, atención presencial, eventos y servicios públicos esenciales. Para vídeos online, la mejor práctica es ventana de intérprete con tamaño suficiente (mínimo 25% del área de pantalla) y fondo neutro.
Subtítulos
Útiles para personas con hipoacusia, sordera adquirida y para entornos ruidosos. El subtitulado para sordos (SDH) incluye también sonidos relevantes: música, efectos, identificación de hablantes. La norma UNE 153010 fija los requisitos en España: máximo 37 caracteres por línea, 15 caracteres por segundo, color por personaje principal.
El 80% del consumo de vídeo en redes sociales se realiza con el sonido apagado, por lo que los subtítulos benefician a todos los usuarios, no solo a los sordos.
Audio y audiodescripción
Para personas con discapacidad visual. La audiodescripción narra lo que ocurre visualmente entre diálogos: gestos, escenarios, acciones. Es imprescindible en cine, teatro y televisión. La norma UNE 153020 fija los requisitos.
Para señalética física, el audio puede sustituir a la lectura de texto: códigos NaviLens convierten cualquier texto en audio leído por voz natural, en 42 idiomas, sin instalar nada.
Conclusión
Una buena política de accesibilidad combina los tres canales y permite al usuario elegir. Los servicios que solo ofrecen una vía dejan fuera a parte de su público, aunque crean haberlo cubierto.